Lo busqué como loco en la lluvia,
luego de arrojar por la borda todas las penas que a mi garganta se
acostumbraban, (yo realmente nunca pensé que podía convertirse en una amistad
más que compañía), pero allí me encontraba yo, justificando cada uno de mis
demonios. “no sé lo que quiero” “no sé lo que quiero” gritaba bajo la tormenta,
y usted aun así seguía aferrado a mi mano orientándome el camino. En ese
instante nunca lo creí posible, nunca imaginé realmente saber lo que estaba
haciendo, o sintiendo. Es cosa de humanos sentirse muy perdidos. Pero a pesar
de ello, sabiendo usted todas las consecuencias de aquellas deudas, “de la mano
me tomó”, y soportando tormentas de lluvia y de arena hasta el punto de que un día de repente y sin razón alguna la lluvia se hizo de nieblas, y luego de pétalos. “¿Tiene
algún sentido creer? “me preguntó de la nada, en ese instante le vi llorar. Una
corriente eléctrica circuló por mis venas (todo en cuestión de segundos) sentí
un gran impulso de abrazarle, de besarle hasta convencerle del hecho de que a través de la unión de nuestras existencias entrelazadas entre sí, existiría la respuesta que tanto deseaba escuchar. “sentir la certeza de que no había tomado mi mano sólo por
coincidencia, y no había sentido yo que acompañarle era lo que siempre había
deseado” todo aquello sin darme cuenta. En ese momento comprendí que había aprendido a quererle, a quererle como nunca había querido a nadie...luego de años transcurridos. “Fui tan ciego lector”
¡Fui tan ciego! Pero de eso se vale la vida, de promesas que no se cumplen y de
las buenas noticias que puede ofrecerte la realidad si la aceptas tal cual como
es. Nunca más mis manos sintieron soledad, a pesar de no siempre encontrarse en
físico con las suyas, sabrá usted que luego de las tormentas existieron muchos intervalos
de tiempo donde mis ojos no se encontraban con los suyos y los míos con los de
él. Lector, por más castigo que parezca la atención en momentos claves hizo la
justicia de nuestros lazos, y estando solos siempre estuvimos acompañados el
uno del otro, en recuerdos y afectos. “tu presencia me entrega la fe” me dijo
el día de la despedida. “Y tocar tus manos fue todo lo que quise” después de
ello, no nos vimos nunca más, pero prometimos encontrarnos…. En la próxima
vida.

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