Entonces protestó con estruendo ¿Cómo que no irás a ver a las gardenias? - ¡no quiero verlas ahora! - ¿Por qué no? Insistió con imposición la dama dueña del riachuelo con los peces. ¡Porque no quiero!, ¡allí está el conde junto a las gardenias! ¡Y no lo quiero ver a él! Contestó con firmeza la joven doncella – ¡Pero mira que eres inmadura y estúpida! Expresó la dama con desdén - ¡Pues cada quien decide hacer algo estúpido con su vida! ¡Y esta será mi estupidez! ¡Me vale lo que creas!… (Cómo si siempre le dieras la cara a todo) –pensó a sus adentros la joven doncella que hervía de la rabia. Conocía muy bien a la dama del riachuelo… ¡era su hermana! Pero las cosas estaban cambiando y eso no se podía evitar. Antes de pequeña, ese comentario la hubiese hecho obligarse a pensar igual que ella, y creer que lo correcto siempre sería realizar un espectáculo lo suficientemente bueno para apreciar y complacer la propia conveniencia que disponía la consciencia de su hermana (la dama del riachuelo). Pero la claridad de las posibles consecuencias de visitar a lar gardenias aquella tarde con el conde allí detenían a la doncella. “Definitivamente mi hermana no me juzga para hacerme sentir mal” “tal vez me quiera tanto que siente ese fuerte impulso de saber lo que es bueno para mí”. Pero vale que aunque nos tengamos al tanto de las decisiones de cada una, al final la voz siempre es de quien la emana, (y si su hermana siempre terminaba escuchando su propio corazón,). ¿Por qué la joven doncella no tenía derecho de hacer lo mismo? se llegó a preguntar…además ¡No quería ver al conde! Esa persona le traía recuerdos vagos y carentes. La doncella no tenía tiempo para ello (se compadecía en secreto de él) pero no podía detener sus planes. Las gardenias siempre estaban a su vigilancia y eso lo tenía siempre presente, no importaba que fuese media noche, ella las iría a visitar. Pero su hermana no quería entender…(Al menos no en esos instantes donde con locura deseaba influir en las decisiones de su hermana la doncella). “Pero las cosas estaban cambiando”… Y la doncella ya no era una niña, por lo tanto, tomó un largo respiro y decidió dar una vuelta para tomar el camino donde desaparecía de la vista su hermana teniendo fe en que algún día aquella dama (tarde o temprano) la comprendería y no le haría juicio a sus intenciones, “como la doncella tarde o temprano terminaba por apreciar a los peces de su enriquecido riachuelo “
- La Fe

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