martes, 29 de septiembre de 2015

Las ovejas rezan

    


   Sin importar el color que el destino me dio en la manada, no importa si era la oveja negra o la oveja blanca. El principio siempre fue el mismo… reconocer al líder, “creer que el líder nos ayudaría a ahuyentar a los lobos” y en lo más profundo de nuestras creencias imaginar que este sería capaz de aniquilarlo y por una buena vez vivir como las ovejas libres que tanto anhelamos ser. Así sucedía, esa era la constante… no importaba el color, no era cuestión de suerte. A veces la oveja negra lograba consumir el mejor pasto por ingenioso otras veces la oveja blanca, no era cuestión de suerte, nunca lo fue. “Ellos creen” que lo peor para nuestro destino es creer no tener las mismas oportunidades, están equivocados, a nosotros no nos importa si quiera si se es una oveja pequeña o una oveja robusta. Nosotros lo que de verdad queremos es libertad, no sentir miedo de los lobos, cuando nuestro líder logre ahuyentarlo seremos ovejas felices. Verdaderamente felices, pero aquí estamos esperando a que lo haga. Algunas veces en las noches cuando nuestro líder se encuentra a kilómetros de distancia, nosotras las ovejas rezamos por una buena noche, generalmente sucede así, generalmente al otro día es como si nada, pero aun así rezamos porque así nos sentimos más seguros… y cuando no logramos dormir por algunos ruidos y una que otra falsa ilusión, nosotras las ovejas conversamos hasta que el sueño nos consigue. “a veces hablamos del mito de la oveja negra” generalmente ese tema termina por ser el más interesante porque cuando ya las últimas palabras logran ubicarse en los espacios vacíos del corral logramos comprender que tal vez, sólo tal vez eso sea una idea metafórica sobre lo que en verdad somos... entonces una oveja cualquiera susurra a todos "debemos ser nosotros la diferencia" nuestro lider no es como nosotros, él no reza para ahuyentar a los lobos cada noche antes de dormir .” y todas las ovejas nos observamos en silencio al respecto... creando pensamientos que se quedan en el aire, como esos que siempre contamos antes de dormir para conciliar aquel sueño donde podemos sentir el alivio de nuestra unión y la suerte de escuchar las grandes verdades.

- La Fe


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