lunes, 24 de marzo de 2014

El experimento


   Es un cuarto, un simple cuarto, donde puedes imaginar el color de sus paredes, azules, blancas, rosadas, todas son. O simplemente grises. Una habitación llena de ventanas y sin ninguna luz, o llena de luces sin ninguna ventana. Es como un juego donde todo es real sin importar las circunstancias de la imaginación humana, porque simplemente sucede, estás allí y observas la silla abandonada, no sabes mucho de lo que vendrá ahora, los doctores siempre dicen lo básico, tal vez porque es lo que de verdad nos termina por importar, existen detalles que no se explican, ellos lo saben, nosotros también. Entonces estamos allí dentro de la habitación sola, no tanto, tú y la silla. Tomas la bebida en la mesita que decora tu izquierda,  es de madera obscura y el vaso es totalmente transparente, vidrio o cristal, eso tampoco nos lo dicen. Entonces bebemos, por intuición, con miedo, tragamos, una bebida fuerte, dulce, ácida y hasta agría, antes de caer en el lapsus de lo irreal, estarás alucinando, observaras que no hubo una habitación, que aquella mesita a tu izquierda con las flores turquesas que le decoraban no existe, no existió realmente, como visiones ves el aire libre, sientes el viento, todo es extraño pero allí permanece siempre, ¿qué era? Claro, la silla la silla dentro del cuarto con la mesita, tú la persona y la silla, todo se ha ido pero la silla sigue intacta, bajo a lo que ahora es  la tierra, entonces sabes que debes sentarte porque tu cuerpo está exhausto, temblando, tarde o temprano se tumbará contra sí. En cualquier momento a la vez,  te acercas y te sientas en ella, en ese momento una nueva silla se sitúa a tus espaldas, específicamente en la misma posición sólo que su reversa,  hay alguien sentado allí, tan cerca de ti, pero no puedes ver su cuerpo ni su rostro, los dos se encuentra de espaldas atados a la confusión, unidos por las percepciones, el universo los relaciona sin saber de sí mismo, todo es confuso, sólo comprendes que alguien además de ti respira muy cerca, hasta poco a poco lamentarse entre sí. Molestarse por no poder comprender el cansancio. Sentirse tristes en el silencio por mucho tiempo. Tanto tiempo, que dejan de pensar en si mismos, convirtiendo al otro en su prioridad. Esl el hecho de entenderse. llegará un punto donde simultáneamente  creerán que sentirse  alegres por estar tan cerca es sólo una alucinación, sonreirán con la idea inconscientemente, aprenden a observar sin verse, aprenden a acariciarse sin tacto. Se sienten a salvo el uno con el otro, sin caer en las cuenta de lo que están creando alrededor de un paisaje revelado.

No estabas sólo, eran dos. 


 Cuando logren recobrar sus sentidos, tendrán una gran necesidad de  encontrar sus miradas, olvidar de una buena vez las sillas

… que estas caigan al suelo.


 ya nada podrá detenerlos, ellos sentirán la vida,


 cuando recobren las fuerzas y deseen reconocérse entre sí.


Todo habrá terminado para iniciar. 

Por La Fe 

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