“Imagina conmigo una
colina, llena de pasto verde y flores de muchos colores a su alrededor,
coloquemos una mesa y dos sillas de madera en su cima, sentémonos y observemos
juntos el mar, platiquemos un poco del viento, imagina que él mismo intenta
bailar con nuestros cuerpos que descansan. Toma tú café o se enfriará, y esa
idea es un poco triste; La lejanía me acerca a todo lo que no soy capaz de
admirar; y aunque sean ideas distintas, no significas que deje de ser especial”
Me aterraba. La idea de volver al pasado constantemente crea en mi cuerpo un frio insensato, ¿Cómo es eso posible? , ¿Por qué cuando el mar está calmado
sólo puedo pensar en su levantamiento?, todo en la vida es una posibilidad, y
sigo intentando olvidar lo que era, sensaciones que desearía convertir en
piedra. Suele ser así, en cualquier instante de la noche lo recuerdo, vuelvo a
sentir mi miedo, la idea de un vacío incapaz.
Me permito pensar en los momentos donde todo funciona
de manera contraria, mi entusiasmo es más
fuerte que cualquier otra perspectiva tan mía, como instantes de valía intensificada,
todas mis intenciones pueden provenir de intuiciones valoradas por lo que
conozco como confianza,” Que el mar se
levante, yo encontraré la manera de asumir su grandeza”
El mar.
El mar es siempre el mismo; siempre fue y será por lo
largo de mis años igual. Las situaciones nunca comunes. Esta noche
admito que me divierte observar el pasado como un tiempo en el mismo olimpo.
Hoy bajaré por la colina, y buscaré otra vista de ti. Las posibilidades siempre están presentes.
Por la Fe.
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