miércoles, 14 de mayo de 2014

Continúa.



“Imagina conmigo una colina, llena de pasto verde y flores de muchos colores a su alrededor, coloquemos una mesa y dos sillas de madera en su cima, sentémonos y observemos juntos el mar, platiquemos un poco del viento, imagina que él mismo intenta bailar con nuestros cuerpos que descansan. Toma tú café o se enfriará, y esa idea es un poco triste; La lejanía me acerca a todo lo que no soy capaz de admirar; y aunque sean ideas distintas, no significas que deje de ser especial”






Me aterraba. La idea de volver al pasado constantemente crea en mi cuerpo un frio insensato, ¿Cómo es eso posible? , ¿Por qué cuando el mar está calmado sólo puedo pensar en su levantamiento?, todo en la vida es una posibilidad, y sigo intentando olvidar lo que era, sensaciones que desearía convertir en piedra. Suele ser así, en cualquier instante de la noche lo recuerdo, vuelvo a sentir mi miedo, la idea de un vacío incapaz. 


Me permito pensar en los momentos donde todo funciona de  manera contraria, mi entusiasmo es más fuerte que cualquier otra perspectiva tan mía, como instantes de valía intensificada, todas mis intenciones pueden provenir de intuiciones valoradas por lo que conozco como confianza,” Que el mar se levante, yo encontraré la manera de asumir su grandeza”


El mar.

El mar es siempre el mismo; siempre fue y será por lo largo de mis años igual. Las situaciones nunca comunes. Esta noche admito que me divierte observar el pasado como un tiempo en el mismo olimpo. 


 Hoy bajaré por la colina, y buscaré otra vista de ti. Las posibilidades siempre están presentes.

Por la Fe.

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