domingo, 24 de enero de 2016

"El tiempo que vino"


Vuelvo a escribirte, no ha pasado tanto tiempo. Pero vale que estos dos últimos meses se han valido por muchas circunstancias, esas que te arrebatan el tiempo y energía sin advertencia alguna de que “debías prepararte”.

Siendo hoy domingo por la mañana, Sola,  abandono mi habitación, con la ventana abierta y el cielo nublado, permitiéndome a mí misma un respiro y un café de esos que te endulzan los instantes. Siento como poco a poco la marea se va tornando calmada, los vientos ya no son intensos, el frió ya no te puede congelar los huesos. Las personas se despiertan y se disponen a vivir, como la flor que se abre se dispone a ser apreciada aunque nadie visite el jardín. ¡Alguien llegara! ” Ella lo jura por Dios” me comentó un anciana sentada cerca de la puerta... yo acerté a sus palabras y seguí mi camino con la imagen de sus manos, y luego de nuevo aquellas otras manos y así me perdí en el recuerdo hacia la deriva de las palabras nunca dichas. Esas palabras que en algún momento me hubiesen logrado cambiar la vida. Como si esa gran responsabilidad dependiera de alguien, ¡que ingenuos somos!, “pero que lindo es imaginar”. Entonces sólo me queda reírme de esto junto a la anciana cerca de la puerta, le he dicho que aquella flor tiene su admirador, y que aquel "ser" tiene una linda sonrisa como la suya o la mía. Risueña me da la mano y me asegura la idea de que “el para siempre existe” y se levanta a servir a los demás huéspedes de su gran viñedo. ¿Tendrán la misma suerte de escuchar algo tan revelador? Me dediqué a organizar los últimos papeleos, tomé mi maleta y caminé lejos. Hacia lo eterno, que en ese instante había sido el hecho de creer que el tiempo que vino arrebatándolo todo, también se va dejando algo agradable que recordar.

La Fe



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