Acerca de lo que creí que sucedía y el instante en que terminé por escabullirme… si, ¡por la ventana ubicada en una esquina!, y si... “fui yo quien tumbó el jarrón” lo hice con mi pierna sin querer. En el momento pensé “que pena las rosas” pero luego reflexioné y comprendí que las rosas ya tenían su tiempo contado desde el instante fueron cortadas. Entonces yo salí por la ventana, escalando el árbol más cercano, y en silencio terminándome de alejar de aquellas historias enmascaradas de tristezas… especialmente aquella locura insoportable de posesión. No es que las personas más astutas deseen más que nada lastimar a los más débiles, simplemente no se mide tanto el poder de las influencias y termina uno siendo el cordero y otro el lobo, o dos lobos, pero nunca, nunca dos corderos. Eso había aprendido con mi salida de la casa, con dolor en mi corazón y una gran pena a lo ya conocido… la buena voluntad. La auténtica inocencia estaba perdiendo valor para mis maestros. Un punto clave donde me pregunté si yo sería capaz de dejar de creer en lo que es auténtico y conformarme con el cinismo. ¿Seria mi fé lo suficientemente fortalecida con la idea del amor? " aquel verdadero amor capaz de transformar lo infinito"… (Admito temer el hecho de no poder admirarte aún teniéndote frente a mis ojos... ¿Quién no temería caer tan bajo? )
La Fe

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